Una de las cosas que le enseñan a uno en la carrera de periodismo es que la noticia debe escribirse imparcialmente, tal como sucedió, sin emitir opiniones —las opiniones, después de todo, aparecen en la página editorial y de opiniones. Esto no impide, sin embargo, que el periodista, una vez se siente a escribir la noticia, aproveche la oportunidad para “guiar” al lector: ya sea para que el lector simpatice con la corriente ideológica del que escribe, ya sea para que el lector vea la noticia desde el punto de vista del periodista.
En la República Dominicana, como en muchos otros países, los periódicos pertenecen a un grupito de empresarios que a su vez participan en otras actividades de la vida política y económica del país: los propietarios de un banco son también los dueños de varios periódicos, los propietarios de empresas de construcción o de turismo son también dueños de periódicos, etc. Por lo tanto, la ideología de los periódicos se puede ver desde la primera página: todo el mundo defiende sus intereses, con talvez una o dos excepciones.
Hay en el país un periódico que, en mi niñez, tenía el mismo respecto en la República Dominicana como el New York Times, Los Angeles Times o Washington Post en los Estados Unidos: el Listín Diario. Este periódico, que no solíamos leer por principios, tenía una dirección conservadora, pro-empresarial, pero no necesariamente ultra conservadora: es decir, no era el ABC sino El Mundo, para quedarnos en España. Sólo basta indicar que el editorial de The Wall Street Journal aparecía en el Listín, traducido en español. Una cosa, sin embargo: este periódico estaba dirigido por profesionales del periodismo, y todo lo que se escribía allí se respectaba.
El Listín, como otros tantos periódicos en tantos otros países, era propiedad de una familia. Surgieron los problemas familiares, y el periódico terminó en manos de una familia que estaba precisamente en el negocio bancario. Como era una costumbre en el país, el banco tuvo problemas (un fraude de más de dos mil millones de dólares), los cuales, en cierta forma, fueron exagerados un poco por el presidente de turno (una aclaración: en ese país, el presidente es un Dios Todopoderoso, más cercano a los dioses de la mitología griega que al Dios de los cristianos), y el periódico terminó en manos del Dios Todopoderoso de turno (el agrónomo Hipólito Mejía).
Una vez el gobierno asumió el control del periódico, los directores y algunos periodistas renunciaron. Durante el tiempo que el periódico estuvo en manos del gobierno, las noticias eran, por lo general, una desvergüenza: se reportaba que era un día soleado precisamente el día que caía un tremendo aguacero.
Una vez llegó el el doctor Leonel Fernández al poder (un Dios Todopoderoso que había sido previamente otro Dios unos cuatro años antes, porque, claro, la mayoría de los que votan en el país tiene solamente 16KB de memoria), el periódico fue entregado de nuevo a los previos “dueños”, los cuales a su vez instalaron más o menos el mismo equipo que estaba antes, con varias excepciones (la más destacable, Ana Mitila Lora, cancelada más bien por su posición en torno al fraude bancario, de los que se acusa a uno de los “dueños” del Listín, ya que su columna era, desde nuestro punto de vista, casi una lectura obligatoria).
El doctor Ferández tenía cierto compromiso con los propietarios del Listín: por una parte, el fraude millonario en el banco no fue detectado durante su gestión; y, por otra parte, un partido minoritario, dirigido por el abogado que está defendiendo a la persona que está acusado del fraude millonario, fue su aliado en las elecciones. Cualquier coincidencia con una imagen surrealista es pura coincidencia.
Ahora, la orientación del Listín parece tener dos posiciones, no necesariamente opuestas: defender el gobierno actual, sus funcionarios y sus políticas económicas, culturales y sociales; y defender, a como dé lugar, el acusado del fraude millonario.
Pero hoy (y he aquí la razón de esta nota), ha sido un golpe casi mortal, tanto para el periodismo dominicano como para el Listín Diario.
Ayer, aparecieron en Clave Digital las declaraciones del Ministro de Turismo, Félix Jiménez en torno a las protestas de un grupo de ecologistas que se opone a la construcción de hoteles en Bahía de las Águilas (un área protegida del suroeste de la República Dominicana.) “El secretario de turismo: Llama ‘disparatosos’ y ‘enemigos’ del país a los defensores de Bahía de las Águilas”, dice el titular. El periódico digital recoge la noticia de un cable de EFE, el servicio de noticias. Hoy aparece en el Listín un reportaje sobre las mismas declaraciones del Señor Jiménez: “Cree ecologistas alejan inversión”, dice el titular. No creemos que los reportajes necesiten comentarios, pero, por si acaso, los reproducimos abajo.
Basado en las declaraciones que ha dado en diferentes ocasiones, este señor Jiménez parece tener un carácter de dictador, un aire de todopoderoso, del que lo sabe todo y siempre tiene la razón: My way or the highway. El Listín, sin embargo, no quiere que sepamos que el señor secretario de turismo llamó a los defensores de las áreas protegidas “disparatados” y “enemigos” del país, porque muchos lectores podrían establecer el carácter real de este señor. Así que de la rueda de prensa sólo se menciona al final del segundo párrafo: “ayer el secretario de Turismo, Félix Jiménez, acusó a la coalición [Coalición Nacional para la Defensa de las Áreas Protegidas] de atentar contra el desarrollo turístico del país, por tratar de alejar a los inversionistas que han manifestado su interés en desarrollar la zona Noroeste”. Otra vez, cualquier similitud con el surrealismo es pura coincidencia.
He aquí el reportaje del Listín Diario: